Cómo redescubrir tu colección antes de comprar otro perfume

Querer un perfume nuevo suele ser querer una sensación nueva. Comprar un frasco es una manera de llegar. Mirar bien lo que ya tienes es otra, y es la que casi nadie prueba primero.

Cuatro frascos de perfume y dos viales de muestra sobre un tocador, junto a un espejo.

Empieza por la sensación, no por la familia olfativa

Antes de abrir ninguna tienda, pregúntate qué estás buscando en realidad. ¿Quieres sentirte limpio y despejado? ¿Con abrigo? ¿Con ganas de que te noten? ¿Presentable para trabajar? ¿Tranquilo en casa? ¿Simplemente distinto de como vas siempre?

Esa pregunta sirve más que preguntarse qué notas quieres, porque la misma nota hace trabajos muy distintos. La vainilla puede ser ligera, comestible, ahumada o seria. Un cítrico puede chispear, o volverse amargo, suave o jabonoso.

Apunta dos o tres palabras para la experiencia que buscas. Ese es el encargo.

Saca a la vista los frascos invisibles

Los perfumes que recuerdas no son los mismos que los perfumes que tienes. Las muestras se quedan en un neceser. Los formatos de viaje van de bolso en bolso. Los frascos desaparecen detrás de otros más altos. Los regalos siguen en su caja.

Júntalo todo en un sitio si puedes. Y si no, haz una lista sencilla que diga dónde vive cada uno, separando frascos enteros, formatos de viaje, decants y muestras. La idea no es llevar una contabilidad ordenada, es recuperar la vista de lo que tienes.

Puede que descubras que el hueco que ibas a llenar ya lo cubren tres cosas que nunca ves.

Monta una bandeja de prueba

Elige entre cinco y ocho fragancias y ponlas juntas donde pases por delante, una o dos semanas. Una mezcla que funciona:

Una bandeja pequeña cambia la manera de elegir. Quita el ruido de tenerlo todo delante a la vez y deja a mano lo que menos sueles coger.

No intentes ponértelos por igual. Una bandeja de prueba es una invitación, no una tarea.

Pruébalos como te obligaría una tienda

A un perfume nuevo le dedicamos más atención que a uno que llevamos dos años teniendo. Esa atención es lo que merece la pena copiar.

Ponte uno en la piel y deja que se desarrolle. Si quieres seguir el recorrido entero, evita encadenar varias fragancias fuertes el mismo día. Fíjate en la salida, en las horas centrales y en lo que queda al final del día.

Y pregúntate lo que un mostrador no puede contestar:

Tu propio estante te da algo que ninguna tienda puede darte: tiempo. Esa es toda la ventaja, así que aprovéchala.

Busca situaciones nuevas, no sólo notas nuevas

Una fragancia cambia con el contexto. Prueba un perfume de noche una tarde tranquila. Ponte uno de verano un día frío y luminoso. Usa el frasco especial para cenar en casa un martes.

Esto no es una invitación a ignorar la comodidad ni a la gente que tienes al lado: el calor, los sitios cerrados, el trabajo y la sensibilidad ajena siguen contando. Va de darse cuenta de cuáles de tus costumbres se convirtieron en normas sin avisar.

Muchas veces la novedad que ibas a comprar es un perfume que ya tienes en una situación que nunca le diste.

Ten una lista de espera

Si aun así quieres el frasco nuevo, apúntalo con la fecha y con lo que te llamó la atención. Vuelve a la lista dentro de unas semanas, cuando lleves un rato con lo tuyo.

Puede que lo quieras igual, y entonces lo compras a propósito. O puede que encuentres un decant olvidado que ya te estaba dando eso que buscabas.

Se trata de atención, no de aguantarse

Nada de esto debería convertir el perfume en un ejercicio moral. No es una prueba de si te has ganado otro frasco, y comprarlo no significa que esto haya fallado.

Lo que ya tienes es el registro de cosas que en su momento te llamaron. Volver a mirarlas es tomarse en serio aquellas decisiones, y suele acabar demostrando que descubrir nunca estuvo limitado al siguiente lanzamiento.

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